No es justo, lo mires por donde lo mires.Si he vivido tantos años ignorante de ti, descreído,pensándote cosa de nenas y blandos, cosa de otros,por qué me enseñas tu rostro apenas un instante,suficiente, y luego te escurres entre mis dedos?
Por qué me condenas a la cadena perpetua de vivir sabiendo que existes?
Es porque te he negado en el pasado?
El castigo es excesivo para un pecado tan pequeño, no te conocía!
No me des la razón, deja que te alcance un instante más, como el primero,la mitad que el primero, o bórrate de mis recuerdos y conviértete en pesadilla, una más.Os ordeno en el tiempo Almudena, Alicia, Ana, Manda, Rosa, para pediros perdónpor no haberme creído vuestras palabras de amor.A ti te creíY a ti también te creo, aunque los dos sepamos que no puedo corresponderte.
Agradecido como tus propias huellas por el instante que te disfrutan en cada paso nuevo que das.
miércoles, 27 de noviembre de 2013
AL AMOR
martes, 8 de octubre de 2013
NADA ESPECIAL
Hoy tengo las yemas de los dedos tan sensibles que con sólo apoyarlas sobre las teclas se me ha puesto la polla dura. Parece que hay unas cuerdas que suben por mis brazos, bajan por mi pecho, dan unas vueltas en la polea que tengo en el corazón y continúan descendiendo hasta rodear, endurecer y levantar mi sexo ansioso.
No tengo nada especial que decir ni contar! Solo quiero disfrutar de esta sensación unos minutos más, teclear despacito y recrearme. He descubierto también que si me froto un dedo contra otro suavemente y luego continuo escribiendo esa sensación se multiplica.
No sé si me correré mientras te escribo…
No tengo nada especial que decir ni contar! Solo quiero disfrutar de esta sensación unos minutos más, teclear despacito y recrearme. He descubierto también que si me froto un dedo contra otro suavemente y luego continuo escribiendo esa sensación se multiplica.
No sé si me correré mientras te escribo…
martes, 17 de septiembre de 2013
SUEÑOS ROTOS
Saco de huesos, le llamaste... Y sonó cariñoso y cómplice. El levantó los ojos un segundo, lo suficiente, nuestras miradas se encontraron y lo entendí todo, lo supe todo. Seguimos los cuatro sentados en aquella terraza que hasta entonces siempre había sido el preámbulo de unas horas de loca diversión, pero ya sólo hablabas tú.
Había algo de sentimiento de culpa en el silencio de los otros dos, un mucho de dolor en el mío, pero aún no sé qué había en tu verborrea ni en el estruendo de tus carcajadas.
La noche continuó porque no fui capaz de detener el tiempo, de retroceder y encontrar el momento en el que tú y yo perdimos lo que tuvimos. El punto en el que el cual abrimos las puertas a la mentira. El instante que justificó el inicio a mis espaldas de algo que en otro tiempo no hubiera necesitado ser clandestino ni traicionero.
Saberlo y callar, que lo supieseis todos y callar, me hizo sentir estúpido...
Los frenos de mi corazón, que nunca antes me habían fallado, esta vez chirriaron inútiles e incapaces de sujetar un amor ingenuo y desbocado, lanzado sin miedo contra el muro de la realidad. El choque tremendo esparció mis piezas en un radio tan grande que armar de nuevo el puzle que soy, hubiera necesitado demasiado tiempo, demasiado esfuerzo como para merecer la pena. Mejor idea fue pasar la escoba y olvidarse de que un día fui.
Alguna vez, tarde o temprano, todos acabamos volviendo la vista atrás. Me gustaría ver tu cara en ese instante y confirmar tu sonrisa. Pero nunca podré hacerlo, encontré mi lugar y ya soy un cadáver más de los que siembran las cunetas de tu camino.
miércoles, 24 de julio de 2013
LISTO PARA TU COLLAR
Prometo esforzarme al máximo para ser digno de ti, para que estés tan orgullosa de mi como yo de ti. Prometo no darte más disgustos y respetar tu libertad como se merece, como el precioso tesoro que es. Prometo esforzarme al máximo por atender tus deseos incluso antes de que me lo pidas. Prometo no lastrarte y darte impulso y fuerzas. Prometo obedecerte y honrarte con mis actos. Me arrodillo ante ti para pedirte humildemente y por favor, que aceptes mi voluntad y mi amor incondicional. Prometo desterrar el drama y la tristeza, no pedir nada ni esperar nada y poner todo mi empeño en que puedas ser quien quieres ser. Prometo no valorar lo que te ofrezco sino lo que tu decidas tomar de mi, agradecido como tus propias huellas por el instante que te disfrutan en cada paso nuevo que das.
miércoles, 17 de julio de 2013
LA NOCHE MÁS LARGA
LA NOCHE MÁS LARGA (09-07-2013)
Seguro que pasábamos de cien personas aquella noche. A pesar de eso, conseguimos un buen sitio a dos pasos escasos de la mujer que, desnuda, se retorcía sobre el suelo con cada golpe recibido.
El AMO sabía lo que hacía y los sonidos de su látigo se sumaban a los gritos desgarrados y estremecedores de su sumisa para desplegar un poder hipnótico capaz de lograr que todos los presentes contempláramos la escena con la certeza de que éramos testigos de algo único.
Ensimismados, atónitos, en silencio absoluto…
El castigo estaba siendo duro, muy duro e iba “in crescendo” a la par que aquellos gritos de ¿placer? que parecía imposible salieran de aquel cuerpo torturado y en constante cambio de color.
Por fin el AMO pareció darle un respiro. Apenas un par de minutos mientras dudaba por qué otra disciplina cambiar el látigo. Apenas un par de minutos para contemplar su obra jadear agitada y desmadejada intentando recuperar el aliento.
Tomada la decisión, le dio la vuelta con un pie y vimos por primera vez el rostro sudoroso de aquella mujer joven, sus enormes pezones coronando sus enormes pechos, su sexo depilado, abierto y húmedo.
El flogger parecía menos peligroso que el látigo, pero las zonas de las que se ocupó el AMO con fuerza y cada vez más velocidad no eran tan propias como las anteriores.
Bien sujeta por el pie de su AMO, la sumisa recibía los golpes directamente sobre su coño, sobre su vientre, sobre sus tetas… y sus gritos ya no eran tales, se convirtieron en uno único, gutural e interminable.
Una mujer a mi lado, incapaz de seguir mirando, gritó también al tiempo que se tapaba la cara. Estaba siendo demasiado para ella.
Yo, detrás de ti, me arriesgué a acercarme más. Excitado, quería que lo notases, que lo supieras, que me cambiaría sin dudarlo por la mujer desnuda si tú lo hicieras por el AMO que, orgulloso, dio por terminado el castigo.
La sumisa se incorporó como un resorte y se lanzó frenética y agradecida a besar las manos de su AMO que trataba de calmar sus sollozos con gestos y murmullos cariñosos.
Hablaste por primera vez para decir “qué cachonda me he puesto”, y ya totalmente pegado a ti, busqué la humedad de tu sexo bajo la falda tan corta de aquella noche tan larga que dura hasta hoy.
REGALO DE LA CASA
REGALO DE LA CASA (1-06-2013)
Los tenían de varios tamaños, formas, texturas, colores y por supuesto precios, aunque esto último no parecía importarte demasiado. Tus preguntas certeras hicieron que pronto la dependienta se olvidase un poco de mi y se centrase en atender tus dudas.
Los sopesabas, elogiabas un detalle “¡qué tacto tan rico!”, ponías alguna pega “demasiado pequeño”, o sugerías “este sería perfecto si además tuviese vibración”. Yo, como siempre, observaba tu desenvoltura entre fascinado, embobado y cada vez más excitado.
De nuevo percibí el cambio de brillo en tus ojos...
- ¿Y ese?
Había despertado tu curiosidad uno de los que estaba más escondido, al fondo de la estantería.
Me pareció que la dependienta me miró de reojo un instante mientras, parsimoniosa, lo recorrió con sus dedos en un viaje que me pareció interminable. Sin embargo se dirigió a ti.
- Tu parte está muy bien, pero la suya...
Ahora zumbaba y brincaba rítmicamente en tus manos y cuando conseguí alzar mi vista me encontré con que vuestros rostros entre interrogantes y divertidos esperaban algo de mí.
A duras penas logré balbucear algo, ininteligible, inconexo y seguramente estúpido pero suficiente para oírte decir entre risas “nos los llevamos”.
La dependienta nos dejó solos con un “os lo preparo, aprovechad y dad una vuelta, seguro que encontráis algo más que os guste”. Y vaya si lo encontramos…
¡Un rincón BDSM! Pequeño pero bien surtido. Nos entretuvimos comparando esposas, muñequeras, collares, lencería, floggers… ¡Fustas!
Las probaste todas… los fustazos sonaban estruendosos restallando sobre mis nalgas desnudas, en la tienda vacía a esa primera hora de la tarde.
- Eso tiene que doler, escuché a la dependienta a mi espalda.
- Date la vuelta – me ordenaste - ¿de veras crees que sufre mucho?
- No parece, contestó con la mirada fija en mi sexo hinchado y babeante.
Permanecí frente a ellas, con los pantalones por las rodillas y la mirada gacha, sólo hasta que me hiciste una señal para que me girase de nuevo.
- Prueba tú, te oí decir. Y ella probó y probó.
Ya nos íbamos y yo caminaba torpe y dolorido unos pasos tras de ti, llevando envuelto en un bonito paquete nuestro juguete nuevo cuando la dependienta me detuvo.
- Espera un momento –me dijo mientras rebuscaba tras su mostrador - ¡Regalo de la casa!
Leí la etiqueta: ¡Lubricante!
Los sopesabas, elogiabas un detalle “¡qué tacto tan rico!”, ponías alguna pega “demasiado pequeño”, o sugerías “este sería perfecto si además tuviese vibración”. Yo, como siempre, observaba tu desenvoltura entre fascinado, embobado y cada vez más excitado.
De nuevo percibí el cambio de brillo en tus ojos...
- ¿Y ese?
Había despertado tu curiosidad uno de los que estaba más escondido, al fondo de la estantería.
Me pareció que la dependienta me miró de reojo un instante mientras, parsimoniosa, lo recorrió con sus dedos en un viaje que me pareció interminable. Sin embargo se dirigió a ti.
- Tu parte está muy bien, pero la suya...
Ahora zumbaba y brincaba rítmicamente en tus manos y cuando conseguí alzar mi vista me encontré con que vuestros rostros entre interrogantes y divertidos esperaban algo de mí.
A duras penas logré balbucear algo, ininteligible, inconexo y seguramente estúpido pero suficiente para oírte decir entre risas “nos los llevamos”.
La dependienta nos dejó solos con un “os lo preparo, aprovechad y dad una vuelta, seguro que encontráis algo más que os guste”. Y vaya si lo encontramos…
¡Un rincón BDSM! Pequeño pero bien surtido. Nos entretuvimos comparando esposas, muñequeras, collares, lencería, floggers… ¡Fustas!
Las probaste todas… los fustazos sonaban estruendosos restallando sobre mis nalgas desnudas, en la tienda vacía a esa primera hora de la tarde.
- Eso tiene que doler, escuché a la dependienta a mi espalda.
- Date la vuelta – me ordenaste - ¿de veras crees que sufre mucho?
- No parece, contestó con la mirada fija en mi sexo hinchado y babeante.
Permanecí frente a ellas, con los pantalones por las rodillas y la mirada gacha, sólo hasta que me hiciste una señal para que me girase de nuevo.
- Prueba tú, te oí decir. Y ella probó y probó.
Ya nos íbamos y yo caminaba torpe y dolorido unos pasos tras de ti, llevando envuelto en un bonito paquete nuestro juguete nuevo cuando la dependienta me detuvo.
- Espera un momento –me dijo mientras rebuscaba tras su mostrador - ¡Regalo de la casa!
Leí la etiqueta: ¡Lubricante!
UNA BUENA NOCHE
UNA BUENA NOCHE (26-05-2013)
Estabais tan tranquilas, tomando una copa y charlando. El grupo en ese momento estaba formado por ti y otras tres mujeres. Yo os observaba embelesado a unos cuantos pasos e intentaba procesar los fragmentos sueltos de conversación que me llegaban. Hablabais de una fiesta anterior, de un sumiso muy guapo y entregado, de un nuevo flogger, de salir juntas una tarde de compras...
De súbito, nuestras miradas se encontraron apenas un segundo y me sentí como si hubiera cometido el más mortal de los pecados. Agaché la cabeza y aun no sé cómo, sin ver más allá de la punta de mis zapatos, te vi caminando hacia mí.
Tiraste fuerte de mi barba para acercar mi cara a la tuya. Sostuvimos nuestras miradas y por primera vez vi ese cambio en el brillo de tus ojos. Ese brillo que ahora que conozco me asusta tanto como me excita.
También cambió el tono de tu voz, que se volvió seco y autoritario. Antes de que pudiera darme cuenta, estaba contra la pared, con los pantalones bajados, mostrando al grupo y al resto de asistentes mi culo desnudo y mi polla más dura que nunca. El primer azote me pilló desprevenido, me dolió pero mi sexo incomprensiblemente para mí respondió endureciéndose más… y cada vez más con los azotes que siguieron.
Sólo podía ver la pared negra a centímetros de mi cara así que cerré los ojos y me dispuse a ¿sufrir? mi humillación y mi castigo. Empecé a imaginar mis nalgas rojas, a pensar en los pares de ojos que me estaban observando, a preguntarme qué opinarían al ver mi calentura aumentar con cada azote.
De pronto, estabas a mi lado, susurrándome al oído y confirmando lo cierto de todo lo que yo imaginaba, agarrándome la polla con fuerza, masturbándome muy despacio, estirando mis testículos, retorciendo mis pezones… Ya no era tu mano la que me golpeaba pesadamente y no me importó no saber a quién pertenecía.
Qué puta eres! dijiste… Y si no me corrí en ese mismo momento fue por pura vergüenza.
De súbito, nuestras miradas se encontraron apenas un segundo y me sentí como si hubiera cometido el más mortal de los pecados. Agaché la cabeza y aun no sé cómo, sin ver más allá de la punta de mis zapatos, te vi caminando hacia mí.
Tiraste fuerte de mi barba para acercar mi cara a la tuya. Sostuvimos nuestras miradas y por primera vez vi ese cambio en el brillo de tus ojos. Ese brillo que ahora que conozco me asusta tanto como me excita.
También cambió el tono de tu voz, que se volvió seco y autoritario. Antes de que pudiera darme cuenta, estaba contra la pared, con los pantalones bajados, mostrando al grupo y al resto de asistentes mi culo desnudo y mi polla más dura que nunca. El primer azote me pilló desprevenido, me dolió pero mi sexo incomprensiblemente para mí respondió endureciéndose más… y cada vez más con los azotes que siguieron.
Sólo podía ver la pared negra a centímetros de mi cara así que cerré los ojos y me dispuse a ¿sufrir? mi humillación y mi castigo. Empecé a imaginar mis nalgas rojas, a pensar en los pares de ojos que me estaban observando, a preguntarme qué opinarían al ver mi calentura aumentar con cada azote.
De pronto, estabas a mi lado, susurrándome al oído y confirmando lo cierto de todo lo que yo imaginaba, agarrándome la polla con fuerza, masturbándome muy despacio, estirando mis testículos, retorciendo mis pezones… Ya no era tu mano la que me golpeaba pesadamente y no me importó no saber a quién pertenecía.
Qué puta eres! dijiste… Y si no me corrí en ese mismo momento fue por pura vergüenza.
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